Finmeccanica – Lavítola – Martinelli: cárceles, helicópteros y coimas – Svemark – El primo Frankie Martinelly y el amigo Rogelio Oruña – la telenovela italiana

la prensa 7 OCT 2013            

Panorama

Lavítola – Martinelli: cárceles, helicópteros y coimas

El expediente por soborno internacional en Panamá, en el que Valter Lavítola está acusado, refleja una trama de corrupción, chantajes y el pago de sobornos a allegados cercanos del presidente Martinelli.

ROLANDO RODRÍGUEZ B.

rrodriguez@prensa.com

Temas:

Svemark

Los abogados de Svemark llevaron un detallado registro de su gestión.

Notas relacionadas:

07/10/2013 – Las cárceles modulares que iba a construir la empresa Svemark no se hicieron. Pero sus directivos confesaron haber pagado sobornos a altos funcionarios panameños. Las coimas habrían alcanzado sumas multimillonarias, pero el negocio fue abortado.

Mientras que el Ministerio Público panameño optó por “enterrar” toda investigación relacionada con la polémica contratación directa de cárceles, radares y helicópteros a empresas de Italia, los fiscales de aquel país han proseguido las indagatorias por “soborno internacional”.

En Panamá, la única acusada es Balbina Herrera, la excandidata presidencial del opositor Partido Revolucionario Democrático (PRD), que hizo pública una serie de correos electrónicos cruzados entre el presidente, Ricardo Martinelli, y Valter Lavítola, un hábil intermediario que guarda arresto domiciliario en Roma.

El Gobierno de Panamá negoció durante más de dos años el diseño y construcción de cárceles modulares en cuatro ciudades del país. De acuerdo con las pesquisas en Italia, se hicieron pagos en 2010 y 2011 por alrededor de 850 mil dólares a personas de gran cercanía con el presidente Martinelli.

Según documentación y declaraciones obtenidas por los fiscales de Italia, esos pagos fueron hechos a Rogelio Oruña –representante de IBT Group Panamá– que a su vez canalizaría estos fondos a funcionarios del Gobierno panameño. También se le pagó a Valter Lavítola, quien entonces era huésped del Gobierno y del Presidente panameño.

Svemark, además, hizo pagos a una empresa de la que es socio el italiano Claudio Fagiano. El dinero de esta transferencia fue a dar, según los testimonios recabados en Italia, a las manos de Francisco Frankie Martinelli, primo del Presidente, pero Fagiano niega haberle entregado dinero a Frankie Martinelli.

Svemark pretendía obtener un contrato directo de más de 200 millones de dólares para su proyecto de cárceles modulares.

De acuerdo con las pruebas que reposan en el expediente de Italia, en las negociaciones para fijar el precio de las cárceles, además del primo Frankie, participó el propio hijo del Presidente, Ricardo Rica Martinelli Linares.

Rica, quien ni antes ni ahora ha sido funcionario del gobierno de su padre, aceptó acompañar a Lavítola a ver a la entonces ministra de Gobierno, Roxana Méndez, en sus gestiones por lograr el contrato de Svermark.

También el expediente da cuenta de que el embajador italiano acreditado en Panamá en aquel entonces hizo gestiones “para tratar de desbloquear la cuestión de la construcción de las cárceles modulares”.

Justamente, el embajador trató de reunirse, junto con el socio principal de Svemark, Angelo Capriotti, con Rica Martinelli, confesó Lavítola a los fiscales italianos.

La Prensa procuró obtener la versión del Presidente, de su hijo, de su primo, de la exministra Méndez y del resto de los funcionarios mencionados en esta investigación, sin que se haya recibido respuesta alguna hasta el cierre de esta edición.

El Presidente, sin embargo, tras recibir el cuestionario enviado por La Prensa, dijo en su cuenta de Twitter el viernes pasado: “Me cuentan que el diario de la opo está reeditando la telenovela italiana para promover y defender a su protagonista local”.

 

 

 

.Panorama   LA PRENSA 7 OCT 2013

INVESTIGACIÓN PARTE 1LAVÍTOLA-MARTINELLI, HISTORIA DE COMPROMETEDORAS COMPLICIDADES

Cárceles y coimas: el primo Frankie y el amigo Oruña

El pago de supuestas coimas se hizo a través de bancos en Estados Uni-dos, operaciones que fue-ron denunciadas al IRS.

Rolando Rodríguez B.

rrodriguez@prensa.com

Temas:

Francisco ‘Frankie’ Martinelli y su primo Ricardo Martinelli

RELACIONES. Francisco ‘Frankie’ Martinelli, junto a su primo, el presidente, Ricardo Martinelli. Presidencia de la República

07/10/2013 – Fueron, al menos, cuatro los pagos que ordenó el consorcio italiano Svemark para allegados cercanos al presidente de la República, Ricardo Martinelli, según testimonios obtenidos por los fiscales de Nápoles. En total se habrían pagado unos 850 mil dólares.

Svemark fue una de las empresas seleccionadas de forma directa por el Gobierno –la otra fue Finmeccanica– para cumplir un memorando de entendimiento de cooperación técnica de seguridad, firmado en Panamá en junio de 2010, por el hoy ex primer ministro de Italia Silvio Berlusconi y el presidente Martinelli.

Las pruebas, según los fiscales, son de carácter testimonial, pero corroboradas “a través de interceptaciones telefónicas y, sobre todo, por los correos electrónicos secuestrados en el computador de [Mauro] Velocci” –representante de Svemark en Panamá–, en diciembre de 2011, en Roma (Italia).

Los pagos fueron los siguientes: El primero, de 64 mil dólares; el segundo, de 16 mil dólares; el tercero, de 60 mil dólares, y el último, de 530 mil euros (unos 700 mil dólares), dinero este que apenas era parte de supuestas coimas que sumaban millones de dólares.

LOS PERSONAJES

Entre los protagonistas de esta historia, además de Valter Lavítola y Velocci, están Rogelio Oruña (IBT Group), Francisco Frankie Martinelli (primo del Presidente) y Ricardo Martinelli Linares (hijo del gobernante).

Velocci está convencido de que obstaculizaron el proyecto de las cárceles modulares para obligar a su empresa a pagar más coimas.

“Hay el prejuicio de que en Suramérica, si no pagas coima, no se hace nada. Nosotros estábamos haciendo un contrato sin pagar coimas y esto fue un un problema grave. Entonces el contrato no se firmaba”, dijo Velocci a La Prensa en Roma, a principios de agosto pasado.

Velocci presentó el proyecto de las cárceles al entonces ministro de Gobierno y Justicia, José Raúl Mulino –en agosto de 2009– antes de la firma del memorando de entendimiento. A Mulino le agradó, según Velocci, y las negociaciones comenzaron.

El 14 de junio de 2010, antes de la visita de Berlusconi al país, Mulino anunció su intención de contratar a Svemark para construir cárceles en Colón, La Chorrera y David, y dos semanas después, Berlusconi y Martinelli firmaron el acuerdo para comprar equipos a Finmeccanica y construir las cárceles con Svemark.

Fue en esta coyuntura que Lavítola entró en escena. Acompañó a Berlusconi a Panamá y en un viaje en tren a Colón para visitar el Canal, conoció a Ángelo Capriotti, que vino en la delegación italiana. Capriotti era socio de Svemark y jefe de Velocci.

Según Lavítola, Capriotti le habló de las cárceles. “Me explicó cómo era y me pareció interesante, y yo fui días después donde el presidente Martinelli para ver si tenían interés en este plan de las cárceles…”, confesó a los fiscales de Nápoles.

´LA COMISIÓN´

Capriotti le dijo que el proyecto podía estar listo antes de que terminara el mandato de Martinelli. “Este fue el argumento de peso con el cual logré convencer al Presidente de la República y a la ministra de Gobierno, Roxana Méndez”, reveló Lavítola en su indagatoria, tras su arresto en Roma, en abril de 2012, acusado de corrupción internacional.

“Yo le pedí a Capriotti que me diera 11 millones que, si no me equivoco, primero eran 20 millones, después 15, y al final llegamos a 11 millones…”, en pago por sus servicios como intermediario ante el Gobierno panameño.

“Una suma exorbitante”, replicaron los fiscales, que preguntaron qué era tan valioso para cobrar 11 millones de dólares. “Yo básicamente me inventé el trabajo –dijo Lavítola– yendo a encontrar los canales adecuados para hacerles entender de qué cosa se trataba”.

Más intrigados, los fiscales le recordaron que “usted no sabe nada de cárceles”.

“Yo no sé nada de cárceles, [pero] si usted me manda a entablar relaciones con el Presidente de Burundi para ver si se puede comprar una mina de cobre, yo voy sin entender nada”, respondió cándidamente Lavítola.

Así pues, el 15 de septiembre de 2010, Svemark anunció que el proyecto tenía un costo de 209.6 millones de dólares, y un mes después –el 11 de octubre–, Svemark hizo el primer pago a Francisco Frankie Martinelli, declaró Velocci a los fiscales.

LAS TRANSFERENCIAS

Fue un giro, a través de dos bancos de Estados Unidos: Bank of America y Citibank (Las Vegas), que actuó de intermediario (ver facsímil).

La empresa Ita Usa Inc., –ubicada en Florida y administrada por un socio de Capriotti (Paolo Passalacqua)– transfirió, en octubre de 2010, a petición de Capriotti, 64 mil dólares a la empresa Ital Tecno, S.A. del italiano Claudio Fagiano, un agente de Svemark en Panamá.

Fagiano –afirmó Velocci– hizo efectiva la transferencia y la entregó a Frankie Martinelli en un maletín negro.

Velocci dijo a La Prensa que su chofer –Tony Santoya– y el propio Fagiano le contaron de la entrega del dinero a Frankie Martinelli, en el hotel Riu de Panamá.

Según dijo Velloci a la fiscalía napolitana, el pago era para el presidente Martinelli y gente de su gobierno. La operación para hacer el pago –explicó Velocci a los fiscales– la ordenó Lavítola.

Fagiano negó a La Prensa que el pago lo haya ordenado Lavítola, sino que lo hizo Passalacqua, y que el dinero no era para Frankie Martinelli.

“Es absolutamente falso que le haya entregado dinero alguno al abogado Francisco Martinelli para corromper o sobornar al Gobierno de Panamá. No conozco al abogado Francisco Martinelli ni al señor Presidente de la República”, respondió Fagiano.

Sobre los 64 mil dólares, Fagiano aseguró que 40 mil dólares se los entregó en efectivo a Velocci para sus gastos en Panamá –ya que no tenía cuenta bancaria–, mientras que 23 mil dólares se los quedó él por reembolsos de gastos en los que él incurrió mientra estuvo vinculado al proyecto.

Fagiano puso de testigo a un trabajador suyo –Cataldo Faretra–, que declaró al Ministerio Público de Panamá que Velocci recibió una cantidad notable de dinero en efectivo, ya que él estuvo presente cuando Fagiano le entregó el dinero. También envió una declaración jurada de Tony Santoya en la que este afirma que no conoce a Frankie Martinelli.

Pero en su declaración a los fiscales, Lavítola afirmó que esos pagos eran para él, por sus servicios a Svemark, y trató de justificar el papel del primo del Presidente en estas transacciones: “[Frankie] me había servido para saber cuáles eran las posibilidades de ir a una licitación accediendo a financiamientos privados de bancos”.

Lavítola dijo que, por ello, Frankie Martinelli recibió pagos que no recordaba si eran 5 mil o 15 mil euros.

Lo que Lavítola no dijo a los fiscales es que nunca hubo tal licitación: Svemark negoció un contrato directo.

Un día después de este primer pago a la empresa de Fagiano –el 12 de octubre de 2010–, Lavítola visitó a la entonces ministra de Gobierno, Roxana Méndez, según un documento de la abogada panameña Marleni Paolo, a quien Svemark contrató para la gestión legal del contrato.

A pesar de que Paolo presentó el listado de horas factura, ahora se contradice y dijo a La Prensa que desconocía las razones por las que Frankie Martinelli participaba en esas reuniones y que ella no participó “en ninguna reunión de este tema con Francisco Martinelli”.

En el informe de Paolo –que reposa en el expediente en Italia– se listaron las gestiones a favor de Svemark para concretar el proyecto, incluso, las horas-hombre trabajadas para Svemark.

Ese mismo día –el 12 de octubre de 2012–, según ese listado, hubo una reunión con la viceministra de la Presidencia, María Fábrega, en el Palacio de las Garzas.

La abogada listó cuatro citas en las que participó Frankie Martinelli: enero, marzo, abril y junio de 2011, con un total de nueve horas de reuniones (ver facsímil).

Tras estas citas, seguían subsecuentes reuniones con altos funcionarios del Gobierno, como las ya mencionadas Méndez y Fábrega, Mahesh Khemlani y Frank De Lima (por entonces director de Crédito Público y vicetitular del Ministerio de Economía y Finanzas, respectivamente) y otros funcionarios de la Presidencia.

Y también, después de cada reunión con Frankie Martinelli, venían pagos. Por ejemplo, en enero de 2011 –dijo Velocci a los fiscales– su jefe, Ángelo Caprioti, ordenó transferir 16 mil dólares a Roxana Méndez. La hoy alcaldesa lo niega rotundamente.

El beneficiario primario de esta transacción tuvo o tiene una cuenta en el Citibank de Miami, a nombre de la empresa Devor Diagnotics, S.A., sociedad vinculada a Rogelio Oruña, cercano amigo del presidente Martinelli, y representante de IBT Group, con contratos otorgados por este gobierno que superan los 500 millones de dólares, adendas incluidas.

Oruña negó a Telemetro –en abril de 2012– que ese dinero fuera para Méndez. Dijo que se lo había enviado Lavítola para reembolsarle la compra de unos muebles de cocina para un restaurante de Karen de Gracia –compañera sentimental de Lavítola– y un pasaje de avión a Brasil, también para ella.

Pero no fue Lavítola quien envió ese dinero a Oruña, sino una sociedad de Capriotti: Ita Usa, Inc. (ver facsímil).

Tras otra reunión con Frankie Martinelli el 18 de marzo de 2011, vino un pago cinco días después, el 23 de marzo. Esta vez fueron 60 mil dólares, a través del Bank of America, a una cuenta en Citibank de Miami, perteneciente a Devor Diagnostics, S.A., de Rogelio Oruña.

Nuevamente el dinero lo giró Ita Usa Inc., con domicilio en Fort Lauderdale, Florida, vinculada a Capriotti.

La cuarta cita con Frankie Martinelli fue el 3 de junio de 2011, que coincide con la fecha en que se pagaron 530 mil euros (más de 700 mil dólares) a Lavítola (mayo-junio).

Velocci aseguró a los fiscales que ese dinero era “destinado al presidente, Ricardo Martinelli, y a los hombres de gobierno de su entorno y que la operación le fue “narrada en detalle por el mismo Lavítola, que me puso a disposición los documentos y su computadora”.

Denuncias en EU

Dos de las transacciones realizadas a través de bancos de Estados Unidos fueron denunciadas al Internal Revenue Services (IRS), del Departamento del Tesoro de ese país, basadas en la presentación de facturas falsas por servicios inexistentes en Panamá (ver facsímil).

La Prensa solicitó a la Embajada de Estados Unidos en Panamá información sobre estas denuncias, pero no respondió.

´Un paso en falso´

A Capriotti, al parecer, le disgustaba tener que pagar las millonarias “comisiones” que exigía Lavítola. Así que hizo una jugada que fue el detonante de una tormenta.

Según Velocci, en junio de 2011 –cuando Capriotti le pagó más de 700 mil dólares a Lavítola– su jefe intentó quitarse a este de encima.

Velocci contó a La Prensa que el entonces embajador italiano en Panamá, Giancarlo Curcio, le dijo que compartía la opinión de Capriotti. Así que ambos querían “ir [a ver] directamente al hijo de Martinelli para cerrar este negocio [de las cárceles]”.

A Velocci no le gustó la idea. Si algo salía mal, toda la negociación para concretar el negocio se desplomaría.

“Entonces yo, por miedo a que ellos dos [el embajador y Capriotti] dañaran todo, me encuentro con Lavítola y le digo: ´Valter, acabo de tener una reunión con el embajador Curcio y me ha dicho que tiene la intención de ir a hablar con Martinelli o con el hijo´…”, recordó Velocci.

Entonces, Lavítola y Velocci se fueron a la Presidencia, aunque Velocci no entró. Lavítola le contó todo al secretario privado del Presidente, Adolfo Chichi De Obarrio, pues al rato, este salió y le preguntó a Velocci si lo del embajador y Capriotti era cierto. Velocci le respondió que sí, y De Obarrio lo abrazó, dándole las gracias. “Cualquier cosa que necesites… [estoy a tus órdenes]”, prometió.

Según Velocci, “Lavítola estaba preocupado por el hecho de que se podía empezar el negocio [de las cárceles] sin él, un negocio directo…”, en el que no podría comisionar. Por eso Lavítola corrió “a impedir que [Rica Martinelli] recibiera [al embajador]”. Y cuando Curcio llamó a Rica Martinelli, este ya estaba alertado, narró Velocci.

El hijo del Presidente le dijo al embajador cuando este lo llamó: “Yo no sé por qué me está llamando a mí, tiene que llamar a la ministra [Méndez]”, relató Velocci.

Velocci admitió, y así lo demuestran las pruebas obtenidas por los fiscales, que él y Rica Martinelli negociaron el precio de las cárceles, pese a que este último no era funcionario.

Velocci dijo a los fiscales que la pretendida reunión entre Capriotti y Rica Martinelli era “con el fin de acordar directamente el monto de la coima sobre las cárceles”, de ahí que Lavítola enfureciera, pues veía perder la comisión que cobraría por su intermediación ante el Gobierno panameño.

Lavítola llamó al embajador y lo citó en el hotel Intercontinental, donde lo “humilló frente a un funcionario de la embajada llamado Saverio Rossini”, declaró Velocci a los fiscales.

Lavítola le dijo al embajador que “no se podía atrever a mezclar directamente a los familiares del Presidente sin su consentimiento”.

En su indagatoria de abril de 2012, Lavítola admitió que citó a Curcio. “A decir verdad, me alteré”, reconoció. “Curcio me dijo: ´Valter, ¿¡pero tú qué diablos dices!? Ese es Velocci el que está diciendo esas cosas”.

Y Lavítola le respondió: “Por casualidad, a ti te suena que Rica [Martinelli] tenga un cargo en el Gobierno, que haga negocios por el Presidente, … O es ministro de Estado? ¿O hace de recolector de coimas? ¿Qué cosa te suena de todo esto? ¡¿Te das cuenta de que si una cosa como esta aparece en los periódicos. explota un escándalo que no terminará nunca?!”.

Curcio ignoraba que Lavítola le mentía, pues este último le pidió a Rica Martinelli –el 9 de febrero de 2011– que recibiera a Velocci para hablar sobre un helicóptero para su padre, el Presidente.

Tras el encuentro, Rica Martinelli le escribió a Lavítola que, cuando regresara a Panamá, cerrarían el tema del helicóptero, así como el de las cárceles.

También, el 19 de febrero de 2011, Lavítola le escribió a Rica Martinelli para pedirle que lo acompañara a ver a la ministra Méndez, con la que Svermark negociaba las cárceles. Rica Martinelli le respondió 2011: “Ok. Lo acompaño mañana a las 9:30 con Roxana” (ver facsímil).

En lo que no le mintió Lavítola al embajador fue que si las cosas que le dijo aparecían en los periódicos, el escándalo sería monumental.

Se cae el negocio

Las intenciones de Capriotti y Curcio de ver a Rica Martinelli no pasaron inadvertidas, y Lavítola lo reconoció en su indagatoria.

“El motivo verdadero por el cual no se hicieron las cárceles, y Velocci lo sabe muy bien […], fue porque Velocci y Capriotti fueron donde el embajador Curcio” con la intención de hablar con Rica Martinelli sobre las cárceles.

Quizás por ello, poco después –el 23 de julio de 2011– Méndez dejó fríos a Velocci y al embajador. Les informó que el Gobierno suspendía el proyecto “por razones de prioridades”.

Ese mismo día, Lavítola le escribió al Presidente que quería verlo, sin decir para qué. Martinelli le dijo que estaría en Perú, y le sugirió hablar con su hijo Rica.

Lo que hayan hablado los dos no calmó las aguas. 10 días después –el 2 de agosto de 2011–, el embajador italiano envió una carta al Palaccio Chigi (Presidencia italiana) en la que informaba que la noche anterior había recibido una “áspera” llamada del presidente Martinelli.

El gobernante estaba molesto, y aparentemente le reclamó su gestión para contactar a su hijo. Curcio comentó en su carta que “la llamada [de Martinelli] está relacionada con algunos contactos que he hecho en las últimas semanas para tratar de desbloquear la cuestión de la construcción de las cárceles modulares por parte de la empresa italiana Svemark, sobre la base de los acuerdos del memorando de entendimiento…”.

Martinelli también le dijo que “las cárceles modulares no se harán porque son caras y no estamos interesados en ellas”, a lo que Curcio respondió que el tema de las cárceles estaba incluido en el memorando de entendimiento firmado por él y Berlusconi.

Pero a Martinelli repentinamente le dio amnesia. Le aseguró que él nunca había discutido ese tema con Berlusconi; solo se había limitado a acordar la adquisición de suministros de Finmeccanica y que el memorando no incluyó nada al respecto [de las cárceles modulares].

Sus palabras eran sorprendentes. Martinelli no solo firmó el memorando en el que se comprometió a contratar las cárceles, sino que su propio hijo, tres de sus ministros, tres viceministros, mandos medios de su gobierno y la Contraloría negociaron ese contrato durante meses. Pero él dijo que no sabía nada.

La Prensa envió cuestionarios a Rogelio Oruña, Frankie Martinelli, Roxana Méndez, José Raúl Mulino, Ricardo Martinelli padre, Ricardo Martinelli, hijo, Adolfo De Obarrio, Giancarlo Curcio y a Angelo Capriotti, pero al cierre de esta edición no habían respondido.

El oneroso costo de la corrupción

En enero de 2011, Angelo Capriotti, socio principal de Svemark y jefe de Mauro Velocci, fue detenido en Italia acusado de un millonario fraude fiscal. Pese a que Velocci informó al Gobierno de que su jefe estaba en cárcel por acusaciones serias, las negociaciones siguieron adelante.

Velocci relató a La Prensa que Valter Lavítola, al saber del arresto, le dijo que había hablado con la Presidencia sobre Capriotti. “Imagínese, la Presidencia acepta que un miembro de la empresa –que construiría las cárceles– esté preso en Italia”, comentó Velocci.

Fue entonces que él supo de la comisión que Svemark le pagaría a Lavítola por su intermediación ante el Gobierno. Según Lavítola, Capriotti le prometió 20 millones de euros. Velocci quedó estupefacto. Tanto dinero no era buena señal, dijo.

Así que le pidió a Lavítola que no le hablara más de ello, pues en el pasado, Capriotti había sido acusado de corrupción”, contó Velocci. Añadió que le dijo a Lavítola que “si Angelo te ha dicho que hay 20 millones de euros, entonces Angelo está bien rico”, pues Svemark no tenía tanto dinero.

Entonces Lavítola le solicitó meter esos 20 millones de euros en el costo del proyecto de las cárceles, y Velocci le respondió: “No puede estar metido, porque, si de este precio saco 20 millones de dólares [para ti], me matan en Italia, porque no tendrá ganancia”. “Valter me dijo: ´Tranquilo, que subimos el precio del proyecto”.

ROLANDO RODRÍGUEZ B.

Rogelio Oruña mira con atención a Martinelli en la inauguración de una obra adjudicada a su empresa.

HOSPITAL. Rogelio Oruña mira con atención a Martinelli en la inauguración de una obra adjudicada a su empresa. LA PRENSA/Archivo

Semark Frankie

INFORME. Los abogados de Svemark llevaron un detallado registro de su gestión. Obsérvese la participación de Francisco ‘Frankie’ Martinelli en las citas de Svemark. La abogada dice ahora que no conoce a Frankie.

 

 

Devor Diagnostics, vinculada a Rogelio Oruña –representante de IBT Group en Panamá

TRANSACCIÓN. Devor Diagnostics, vinculada a Rogelio Oruña –representante de IBT Group en Panamá– recibió dinero que, según el testigo Mauro Velocci, era para el Presidente. Esta y otras transacciones fueron denunciadas ante las autoridades fiscales de EU por estar sustentadas en facturas falsas.

 

italiano Claudio Fagiano, quien negó a este medio, en noviembre de 2012, que se hayan pagado coimas.

Transferencia. Facsímil de una operación bancaria a favor de Ital Tecno, S.A., del italiano Claudio Fagiano, quien negó a este medio, en noviembre de 2012, que se hayan pagado coimas.

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Panorama la prensa 8 oct 2013

INVESTIGACIÓN – PARTE 2lavítola-martinelli, historia de comprometEdoras complicidades

El Canal y el Metro, objetos de chantaje

Rolando Rodríguez B.

rrodriguez@prensa.com

Temas:

Berlusconi y Martinelli

08/10/2013 – El 2 de agosto de 2011, a las 7:50 de la noche (hora de Italia), el entonces primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, hizo una llamada que fue interceptada por las autoridades judiciales de su país que investigaban un caso de corrupción internacional en el que estaban envueltos altos funcionarios del Gobierno de Panamá.

Su llamada fue precedida por seis telefonemas del italiano Valter Lavítola, un cercano amigo del presidente panameño, Ricardo Martinelli, quien intentaba que Berlusconi cumpliera una promesa suya de construir un hospital que él donaría a Panamá, compromiso del que se había desentendido, pese a que Martinelli lo había anunciado con entusiasmo y estridencia.

Tras las insistentes llamadas de Lavítola, Berlusconi se comunicó con Massimo Ponzellini, presidente de Impregilo, una de las empresas del consorcio que participa en las obras de ampliación del Canal de Panamá.

Ponzellini.– Hola, Silvio, ¿Todo bien? Qué placer oírte…

Berlusconi.– Estoy muy mal, pero de todas maneras seguimos adelante. Una cosa, te llamo porque están llamando de Panamá…

P.- Ajá…

B.- … Y dicen que debo contactar a los jefes de Impregilo. ¿Tu todavía estás en Impregilo?

P.- Sí, soy el presidente.

B.- Sobre la cuestión de los hospitales, todavía hay que encontrar un acuerdo con Panamá.

P.- Ajá…

B.- De otra forma, el Presidente de Panamá dirá a las 19:30 de esta tarde, hora de Panamá…

P.- Aja…

B.- Una declaración para bloquear la obra de Impregilo en el Canal, con graves consecuencias económicas en la Bolsa para Impregilo. Yo te paso la información así como me la dejaron escrita. Así lo ha dicho un tal Lavítola, amigo del Presidente de Panamá.

P.- Ajá…

B.- … Me llamó seis veces y finalmente me encontró, y me dejó dicho esto.

P.- Te agradezco, como siempre, toda la información. Me pongo en movimiento inmediatamente. Como mañana [incomprensible]… a las 7:30 voy a encontrarme con Lianni Letta, le dejo la solución, pero desde esta noche ya intervengo.

B.- Sí, trata [incomprensible] … de contactar urgentemente a las personas de Impregilo para preguntarles el asunto de los hospitales y encontrar un acuerdo con Panamá, de lo contrario, el Presidente de Panamá comunicará a las 19:30 el bloqueo a las obras de Impregilo en el Canal, con gran pérdida en Bolsa para Impregilo. Cumplo con decírtelo.

P.- … Me has hecho un regalo por la ayuda. Ha sido un placer. Espero que todo salga bien.

B.- Mil gracias, Massimo.

LAVÍTOLA, EL INDESeABLE

Un anuncio de Martinelli paralizando las obras de Impregilo en el Canal sin duda habría causado un desastre en el valor de las acciones de la empresa.

Así que Ponzellini se puso en movimiento. Al día siguiente de la llamada de Berlusconi –el 3 de agosto de 2011, a las 11:37 a.m. (hora de Italia), llamó a Alberto Rubegni, administrador delegado de Impregilo, y le contó de la llamada de Berlusconi.

La llamada de Ponzellini reveló hasta dónde se había llegado con el tema del hospital. Impregilo, presionado por Panamá, se había comprometido a construir el hospital –del que Berlusconi se había lavado las manos– siempre y cuando se le adjudicara la licitación del Metro de Panamá, obra insignia del gobierno de Martinelli.

La conversación de Ponzellini y Rubegni se desarrolló así:

Ponzellini.- Anoche me dio una puteada el presidente Berlusconi.

Rubegni.- ¿Por qué?

P.- Porque lo llamó Lavítola, porque Martinelli estaba emputado por lo de la escuela.

R.- A Lavítola se le va a pasar… No es escuela, era un hospital. Se le pasará la rabia. Nosotros hicimos una oferta para [participar en la licitación] del Metro y la perdimos.

[…]

P.- Quiero decir, que algo habíamos dicho que haríamos para el Canal…

R.- No. Para el Canal habíamos dicho que no hacíamos una mierda, porque ya le habíamos hecho al país un descuento de 800 millones, que me parece suficiente. Por el Metro, donde, sin embargo, han cogido el trabajo por 500 millones más que nosotros, entonces que hagan [el hospital] los que cogieron el trabajo.

[En realidad, el consorcio al que se le adjudicó el Metro hizo en aquel momento una oferta económica 46 millones de dólares más alta que la del consorcio italiano].

P.- … Ha llamado Lavítola y ha dicho que el presidente Martinelli hará un… anuncio sobre el Canal para que así caigan las acciones de Impregilo en la Bolsa. Así es que mira…

R.- Que lo de [el anuncio], que lo de… No te digo… Mira sabemos que…

P.- No, por la caída de las acciones de Impregilo, nosotros estamos preocupados.

R.- No, no puede dar una mala noticia, porque los trabajos [en el Canal] ya comenzaron. ¡Que sea serio!

P.- Pero yo creo que lo mejor será ir a visitar a Martinelli en septiembre…

R.- Sí, pero yo estoy ya hablando, el problema es… uno solo, que las cosas…

P.- El problema es que Lavítola quiere meterse en el medio.

Queda claro, según un análisis de las llamadas hechas por peritos italianos y que reposa en el expediente, que las llamadas telefónicas de Lavítola –en nombre del presidente Martinelli– buscaban chantajear a Impregilo para que construyera el hospital.

El presidente de Impregilo, incluso, declaró a los fiscales que Martinelli, a través de Lavítola, pidió un “reconocimiento” económico si le adjudicaba la licitación del Metro de Panamá (ver nota: Una coima por Metro).

¿Por qué Martinelli amenazó con paralizar las obras de Impregilo en el Canal si no construía el hospital?

Para Martinelli era un asunto de imagen. Cuando visitó a Berlusconi –en septiembre de 2009–, el Presidente regresó de Italia entusiasmado porque obtuvo dos promesas de Berlusconi: que Italia donaría un hospital pediátrico –valorado en 20 millones de dólares– y que el gobernante italiano visitaría el país en 2010.

Una de las promesas se cumplió: el 30 de junio de 2010, Berlusconi estaba en Panamá develando la maqueta del hospital, solo que ya no sería Italia el donador, sino Berlusconi, quien, según Martinelli, se había comprometido a hacerlo de su propio bolsillo, promesa que jamás cumplió, por lo que Martinelli estaba furioso.

UNA CARTA DESESPERADA

La obsesión de Martinelli por el hospital está reflejada en una larga y angustiosa carta que el embajador de Italia en Panamá, Giancarlo Curcio, envió al Palazzo Chigi, el 2 de agosto de 2011 (el mismo día que Berlusconi habló con el presidente de Impregilo).

En ella, el diplomático contaba que Martinelli le reclamó la promesa del hospital. “Él [Martinelli] comenzó a quejarse diciendo que Italia, y en particular, el primer ministro Berlusconi, no respetaba sus compromisos con Panamá, después de haberse comprometido con el hospital”. Este tema, concluía el embajador, había causado el endurecimiento de las relaciones entre Italia y Panamá.

NUEVA VÍCTIMA

A pesar de sus intentos de chantaje, ni Lavítola ni Martinelli pudieron lograr que el Gobierno de Italia ni Berlusconi ni Impregilo construyeran el hospital.

Pero Martinelli no se daba por vencido. El 30 de agosto de 2011, el secretario privado del Presidente, Adolfo Chichi De Obarrio, le escribió un correo a Lavítola.

“Te escribo –le decía– para que nos averigües por favor si el Gobierno de Italia donará siempre el hospital pediátrico para la provincia de Veraguas como lo habían dicho. ¿Fecha estimada?… La construcción del hospital Luis Chicho Fábrega ya inició, se encuentra en fase de movimiento de tierra e hincado de pilotes [sic]”.

La respuesta, al parecer, no fue alentadora, pues Martinelli enfiló entonces hacia Svemark, la compañía italiana con la que el Gobierno había negociado –y fracasado– desde hacía más de dos años la construcción de cárceles modulares, empresa esta a la que estaban ligados Lavítola y Mauro Velocci, este último, testigo clave de las fiscalías italianas en la acusación de corrupción contra Lavítola.

El embajador italiano envió el 14 de octubre de 2011 una carta a Svemark –con copia al Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia– que Velocci califica de “chantaje de Estado”.

En ella, Giancarlo Curcio le sugería a Svemark donar el hospital pediátrico al Gobierno panameño, a fin de abrir un canal de negociación en el estancado proyecto de las cárceles modulares.

Curcio aprovechó la ocasión para sacar de la ecuación al Gobierno de Italia, y dejar claro que esas negociaciones serían exclusivamente entre Svemark y Panamá, en las que nada tenían que ver las autoridades del Gobierno italiano (ver facsímil).

Semanas después de recibir la carta, Velocci abandonó el país denunciando un “chantaje” del Gobierno panameño para que Svemark construyera el hospital.

Simultáneamente, Velocci entregó a la política opositora Balbina Herrera (PRD) copias de correos electrónicos comprometedores que también fueron dados a las autoridades italianas –en diciembre de 2011– y que constituyen pruebas de las acusaciones que pesan contra Lavítola, mientras que Herrera es procesada en Panamá por divulgar los correos.

Si bien nunca se construyó el hospital, este ha servido de pretexto para los viajes de Martinelli a Italia. En agosto de 2011 –por ejemplo– un comunicado oficial, que pretendía aclarar un viaje del Presidente a la isla de Cerdeña (Italia) –que no había sido anunciado oficialmente– informaba de la supuesta intención de Martinelli de insistir ante Berlusconi en la construcción del centro médico.

Pero Berlusconi nunca lo recibió, a pesar de que la Presidencia panameña dijo que el encuentro sí se había celebrado. Su viaje secreto era, en realidad, de placer, pagado totalmente por Lavítola, quien llevaba adelante varios proyectos personales de negocios con el gobierno de Martinelli.

El 12 de diciembre de 2011, sin más nadie a quien chantajear, Martinelli anunció que el hospital se construiría, pero con fondos del Estado panameño.

“Esto se va a hacer, ese hospital estaba planeado; lo va a tener que asumir el Gobierno”, dijo en Veraguas.

Pero Martinelli no se convenció de sus palabras… o las olvidó intencionalmente, ya que en julio pasado –coincidiendo con el anuncio del juicio de Lavítola el mes pasado–, Martinelli comunicó un nuevo viaje a Roma –también en septiembre– para supuestamente insistir en Italia para que Berlusconi –preso en su residencia, condenado por fraude fiscal– done el hospital prometido.

“Cuando un Gobierno se compromete, tiene que cumplir”, exigió Martinelli, en entrevista en Telemetro.

Pero el viaje no se concretó ni tampoco se celebró el juicio a Lavítola ese mes.

La Prensa envió cuestionarios para recoger sus versiones al presidente, Ricardo Martinelli, a su secretario privado, Adolfo De Obario, y al embajador italiano en Panamá, Giancarlo Curcio, sin que al cierre de esta edición hayan respondido.

 Coimas por el Metro de Panamá

El 27 de julio de 2012, Massimo Ponzellini –presidente de Impregilo– fue interrogado por el Tribunal de Nápoles sobre el contenido de dos grabaciones sobre el hospital que exigía a Italia el presidente, Ricardo Martinelli.

Ponzellini identificó a Lavítola como un cercano colaborador de Martinelli, y que este pretendía cobrar coimas si Impregilo hubiese ganado la licitación del Metro.

“Después de habernos adjudicado, como Impregilo (y en consorcio) la licitación del Canal de Panamá, participamos como Impregilo en la licitación del Metro de Panamá…”, declaró Ponzellini.

“Fue en relación a esta licitación –en la que Impregilo no estaba particularmente interesado, ya que hizo una oferta altísima– que entraron en juego Martinelli y Lavítola con sus pretensiones, o mejor dicho, Lavítola como intermediario de las pretensiones del presidente Martinelli”, subrayó Ponzellini.

“Lavítola nos hizo entender claramente –añadió Ponzellini– que el presidente Martinelli, para adjudicarle a Impregilo la licitación del Metro de Panamá, pretendía un ´reconocimiento´ económico para él y para su entorno…”. “Tal inequívoco mensaje, Lavítola lo manifestó, ya sea, hablando directamente conmigo (que era presidente de Impregilo y que en una ocasión visité personalmente Panamá), así como con el administrador delegado de Impregilo, [Alberto] Rubegni (que es la persona con la cual yo hablo en la segunda llamada que me han leído), y por otra parte, indirectamente, a través de la Presidencia del Consejo (o sea, a través de Berlusconi) y del embajador en Panamá –Plácido– Vigo”, narró.

En su declaración, Ponzellini describe que “Lavítola (como portavoz e intermediario de Martinelli) pretendía, con arrogancia, hacer ver que habría obstáculos y problemas para Impregilo en caso de que no hubiésemos cedido a tales pretensiones (como efectivamente demuestra el tenor de la conversación que me han leído, en la cual el presidente Berlusconi prevé represalias de parte del presidente Martinelli)”.

Ponzellini dijo que se rechazaron tales pretensiones, “limitándonos a proponer que –en caso de que Impregilo se hubiese adjudicado la licitación del Metro (en la cual ni siquiera había gran interés particular)– lo máximo que Impregilo habría podido hacer es financiar la construcción en Panamá de un hospital que se hubiese llamado ciudad de Milán”.

“Es ese hospital, efectivamente, al cual se refiere en las dos llamadas que me han leído, de las cuales emerge Martinelli, a través de Lavítola”, precisó el empresario.

Es decir, Ponzellini reveló en su declaración que, por no estar interesado en construir el Metro de Panamá, Impregilo hizo una oferta “altísima”, y que, en la remota posibilidad de que se adjudicara esta obra –que finalmente ganó otro consorcio y a un precio más elevado que el que presentó Impregilo [mil 401 millones de dólares vs. mil 447 millones de dólares], ellos habrían construido el hospital.

Así es como Impregilo sale de esta licitación, derrotada por la brasileña Norberto Odebrecht, S.A. y la española Fomento de Construcciones y Contratas (FCC).

Rolando Rodríguez B.

La ´telenovela´ sigue sin respuestas

El ministro de la Presidencia, Roberto Henríquez, respondió ayer a la publicación de La Prensa sobre las cárceles argumentando que se trata de la misma “telenovela” de Italia, ahora reciclada. Y que no había nada nuevo en las publicaciones.

Pero lo cierto es que desde hace más de dos años, también las mismas preguntas se repiten sin que haya una sola respuesta de parte del presidente, Ricardo Martinelli. Por ejemplo, este medio envió el pasado viernes un cuestionario tanto al gobernante, como a su hijo, Ricardo Martinelli Linares, que no ha sido respondido, aunque el Presidente escribió en su cuenta de Twitter, tras recibir las preguntas, que “me cuentan que el diario de la opo está reeditando la telenovela italiana…”.

Sin embargo, ni una letra ha respondido a preguntas tales como: ¿Sabe usted la razón por la que Valter Lavítola negociaba la compra de un helicóptero que iba a ser entregado a usted?

O ¿qué puede responder a las acusaciones que hizo el presidente de Impregilo, Massimo Ponzellini, en su contra, cuando declaró a los fiscales italianos que usted, a través de Lavítola, reclamaba un “reconocimiento” económico si le adjudicaba la construcción del Metro?

O ¿por qué su hijo negociaba, junto con el señor Lavítola y la hoy exministra Roxana Méndez el precio de las cárceles modulares que construiría la empresa Svemark?

O ¿Por qué razón, sabiendo usted que Lavítola era buscado por la justicia italiana, le facilitó su estancia en Panamá, hasta que en diciembre de 2011, cuando usted decidió echarlo del país y prohibirle la entrada al territorio, de acuerdo con lo que ha declarado el propio Lavítola a los fiscales italianos?

Y, al igual que el Presidente y su hijos, tampoco han respondido su primo, Francisco Frankie Martinelli ni Rogelio Oruña, de IBT Group.

Rolando Rodríguez B.

‘CHANTAJE DE ESTADO’. Velocci califica así esta carta del embajador de Italia en Panamá, para que Svemark construyera un hospital a cambio de reanudar el negocio de las cárceles.
DECLARACIÓN. Massimo Ponzellini declaró a los fiscales que “Lavítola nos hizo claramente entender que el presidente Martinelli, para adjudicarle a Impregilo la presente licitación del Metro de Panamá, pretendía un ‘reconocimiento’ económico para él y para su entorno. Tal inequívoco mensaje, Lavítola lo manifestó, por una parte, hablando directamente conmigo […], o por otra parte, hablando con el administrador delegado de Impregilo, Alberto Rubegnio”.

Lavitola Martinelly Berlusconi

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